Igualdad de género

 

Tomado de Educación para la Sostenibilidad de la OEI

La discriminación hacia la mujer es parte de la discriminación que los “fuertes” ejercen con los “débiles” en defensa de sus privilegios. Unos privilegios que a lo largo de la historia se han pretendido justificar con “razones” étnicas, de género o de mérito; pero sabemos que no tienen fundamento alguno y que generan desequilibrios perjudiciales para todos, aunque algunos sigan pensando que esos desequilibrios constituyen algo “natural”. La erradicación de la discriminación de las mujeres entronca así con los objetivos de la educación para la Sostenibilidad, la reducción de la pobreza y, en definitiva, la universalización de los derechos humanos. Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas, sintetiza la cuestión refiriéndose a “una verdad universal, aplicable a todos los países, culturas y comunidades: la violencia contra la mujer nunca es aceptable, nunca es perdonable, nunca es tolerable”.

Una realidad de discriminaciones, violencias y segregación social

Hablar de igualdad de sexos o, como es utilizado más frecuentemente, de igualdad de género, es referirse a un objetivo contra una realidad de discriminaciones, violencias y segregación social. “Una de las más frecuentas y silenciosas formas de violación de los derechos humanos es la violencia de género”, señala el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). “Este es un problema universal, pero para comprender mejor los patrones y sus causas, y por lo tanto eliminarlos, conviene partir del conocimiento de las particularidades históricas y socioculturales de cada contexto específico. Por consiguiente, es necesario considerar qué responsabilidades y derechos ciudadanos se les reconocen a las mujeres en cada sociedad, en comparación con los que les reconocen a los hombres, y las pautas de relación que entre ellos se establecen” (http://www.undp.org.ni/genero.php).

La enumeración de discriminaciones que hace el PNUD es interminable: “la pobreza afecta en mayor medida a las mujeres”, lo que se relaciona con “su desigualdad en cuanto al acceso a la educación, a los recursos productivos y al control de bienes, así como, en ocasiones, a la desigualdad de derechos en el seno de la familia y de la sociedad”. Esa discriminación va más allá de las leyes: “Allí donde los derechos de las mujeres están reconocidos, la pobreza (con el analfabetismo que conlleva) a menudo les impide conocer sus derechos”. Por otra parte, en los países industrializados, pese haber logrado, no hace mucho, la igualdad legal de derechos “se sigue concediendo empleos con mayor frecuencia y facilidad a los hombres, el salario es desigual y los papeles en función del sexo son aún discriminatorios”.

De hecho, al considerar el Índice de Desarrollo Humano (ver Reducción de la pobreza) específico de las mujeres, aparece por detrás del general en todos los países del mundo. En el artículo “Missing Women”, publicado por Amartya Sen en 1992 en la revista British Medical Journal, así como en trabajos posteriores, se refiere a la excesiva mortalidad y tasas de supervivencia “artificialmente” más bajas de las mujeres en muchas partes del mundo, como un descarnado aspecto muy visible de la desigualdad sexual, con datos inquietantes de infanticidio femenino, despreocupación por la salud y la nutrición de las mujeres, en especial durante la niñez, etc. Cabe recordar a ese respecto que en India, las niñas tienen cuatro veces más posibilidades de estar desnutridas que los niños. El 25% de los hombres en los países en desarrollo padecen anemia a causa de la deficiencia del hierro, mientras que la tasa es del 45% para las mujeres y más del 60% para las embarazadas. Y todas estas discriminaciones, desigualdades por razones de sexo, se deben a los prejuicios culturales en las familias y en las sociedades en general. Y también se manifiesta en la educación. Las injustas oportunidades de instrucción para las chicas conducen a su inseguridad económica: las mujeres representan los dos tercios de las personas analfabetas y los tres quintos de los pobres del planeta. Con menos oportunidades educativas y económicas que los hombres, lógicamente las mujeres tienden a padecer hambre y mayores deficiencias en la nutrición. Se habla por ello de “feminización de la pobreza” (Sen, 2000; Vilches y Gil, 2003).

“Maternidad en la niñez: Afrontar el desafío de un embarazo adolescente”, es el lema del  Informe del Estado de la Población Mundial de 2013 de UN, en el que se subraya que todos los días, 20.000 niñas menores de 18 años dan a luz en países en desarrollo. Nueve de cada 10 de estos partos ocurren dentro de un matrimonio o unión de hecho. Dos millones de los 7,3 millones de partos de adolescentes menores de 18 que ocurren cada año son partos de niñas menores de 15 años; si las tendencias actuales continúan, la cantidad de partos de niñas menores de 15 años podría elevarse a 3 millones por año en 2030. El Estado de la Población Mundial 2013, publicado por el UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas, subraya los principales desafíos que implican los embarazos adolescentes y sus graves consecuencias en la educación, la salud y las oportunidades laborales a largo plazo de las niñas. El informe también muestra lo que se puede hacer para frenar esta tendencia y proteger los derechos humanos y el bienestar de las niñas (http://www.unfpa.or.cr/estado-de-la-poblacion-mundial-2013).

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En el Informe sobre Desarrollo Humano 2014 (IDH), “Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia” las mujeres se encuentran entre los grupos más vulnerables a las crisis de todo tipo, fenómenos extremos, conflictos, cambio climático… Pese a los progresos recientes en la reducción de la pobreza, más de 2.200 millones de personas se encuentran en situación de pobreza multidimensional o cerca de ella y se señala: “La vulnerabilidad persistente tiene sus raíces en las exclusiones históricas: las mujeres en las sociedades patriarcales, el pueblo negro en Sudáfrica y los Estados Unidos de América y la población en la India se ven confrontados a la discriminación y la exclusión debido a las prácticas culturales y las normas sociales de larga data (…) Con los preparativos de la Agenda para el Desarrollo Post-2015 y la elaboración de un conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible, se dispone de un tiempo de reflexión para la comunidad internacional y de una oportunidad para el cambio y para nuevas formas de cooperación mundial encaminadas a la reducción de la vulnerabilidad persistente y sistemática”.

Y por lo que se refiere al trabajo, las mujeres tienen, en general, jornadas mucho más cargadas. Por poner dos ejemplos, en India las mujeres trabajan unas 12 horas más a la semana que los hombres y en Nepal 21 horas. Cinco años después de la IV Conferencia Mundial para las mujeres celebrada en Pekín, tuvo lugar en Nueva York la conferencia “Mujeres 2000: Igualdad, desarrollo y Paz para el siglo XXI”, en una sesión especial de la Asamblea General de Naciones Unidas. Se trataba de evaluar el cumplimiento de los compromisos adoptados en Pekín y establecer medidas para seguir avanzando en los derechos humanos de las mujeres. Esa evaluación se concentró en frenar una marcha atrás y tratar de mantener lo consensuado en China, ya que se detectó un incumplimiento de derechos básicos como el derecho a la salud plena, a la educación, a una vida sin violencia, al libre disfrute de la sexualidad y a una maternidad responsable, no impuesta, a la participación en la toma de decisiones… (Ver Derechos Humanos).

Mientras, continúa produciéndose un intenso tráfico de mujeres y niñas en muchos países, entre una cuarta parte y la mitad de las mujeres del mundo sufren agresiones de su pareja y siguen ocurriendo hechos como la ablación genital, las violaciones de mujeres y niñas o los “crímenes de honor”. Unas agresiones que aumentan en las situaciones de inestabilidad laboral como las que se están viviendo actualmente en todo el mundo, incluidos los países ricos, en los que hay un porcentaje creciente de marginados.

En mayo de 2012, representantes femeninas asistentes al Foro de la ONU sobre Cuestiones Indígenas señalaron que la violencia contra las mujeres y niñas de los pueblos autóctonos es algo generalizado y un problema multifacético que incluye transgresiones de sus derechos individuales y colectivos. Las mujeres aborígenes sufren de violencia en sus hogares a manos de los miembros de sus comunidades, padecen de abusos institucionales y derivados de acciones militares, contaminación ambiental, explotación minera, etc. Joan Carling, Secretaria General del Pacto de los Pueblos Indígenas de Asia, señaló que en su región las indígenas son víctimas de los peores abusos.

En julio de 2012, la relatora especial de la ONU sobre violencia contra las mujeres alertó que ese flagelo es una tendencia global que crece. Rashida Manjoo indicó que los asesinatos de Fareeda Afridi, defensora de los derechos humanos en Pakistán; de Hanifa Safi, titular de un Ministerio provincial sobre Asuntos de la Mujer en Afganistán, así como la ejecución pública de Najiba, una mujer afgana acusada de adulterio y los atentados a niñas que defienden su derecho a la escolarización, prohibida por los talibanes, en particular el intento de asesinato sufrido en 2012 por la pakistaní Malala Yousafzai, activista por la defensa de los derechos de las niñas y mujeres, son trágicos ejemplos recordatorios de esa tendencia que continúa cada día. Ya sea como asesinato, homicidio, o crímenes de honor, estas manifestaciones de violencia están arraigadas cultural y socialmente y continúan siendo aceptadas, toleradas y justificadas con impunidad como norma (http://www.un.org/es/women/endviolence/). Algo con lo que es preciso acabar.

La igualdad de género como requisito de Sostenibilidad

Es imprescindible promover la igualdad de género como parte esencial de la [r]evolución por un futuro sostenible, luchar contra la discriminación de la mujer y reforzar su papel en la política y en los diferentes ámbitos de la sociedad. Porque las cosas no avanzan como deberían. En ese sentido han sido relevantes acciones como la lanzada en febrero de 2008, por el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon: “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”, una iniciativa multianual encaminada a prevenir y eliminar la violencia contra mujeres y niñas en todas las partes del mundo. La campaña reúne a una serie de organismos y oficinas de las Naciones Unidas para impulsar la acción en todo el sistema a fin de prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres. A través de la campaña, la ONU aúna esfuerzos con los individuos, la sociedad civil y los gobiernos para poner fin a la violencia contra la mujer en todas sus formas. También se ha abierto el Centro Virtual de Conocimientos para poner fin a la Violencia contra las Mujeres y Niñas de Naciones Unidas, http://www.endvawnow.org/es/, una iniciativa de NU-Mujeres que reúne contribuciones de organizaciones y personas especializadas, gobiernos y organismos del sistema de las Naciones Unidas. En el centro se cuenta con múltiples iniciativas, entre otras una base de datos que recoge las medidas adoptadas por los Estados Miembros sobre las formas de violencia contra la mujer, así como campañas, fondos, iniciativas como los llamamientos mundiales a la acción, indicadores, medidas, estudios, proyectos, etc. Bajo el lema: “Rompe el silencio. Cuando seas testigo de la violencia contra las mujeres o las niñas, no te quedes de brazos cruzados. Actúa”, la campaña “Únete” del Secretario General de las Naciones Unidas, administrada por NU-Mujeres, ha proclamado el día 25 de cada mes como “Día Naranja”: un día para actuar a favor de generar conciencia y prevenir la violencia contra mujeres y niñas, para movilizar a la población y poner de relieve las cuestiones relacionadas con prevenir y poner fin a la violencia contra mujeres y niñas, no solo una vez al año, el 25 de noviembre, como venía haciéndose.

En abril de 2012, firmaron un acuerdo Naciones Unidas y la Unión Europea, representadas por Michelle Bachelet, directora ejecutiva de ONU Mujeres, y la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Catherine Ashton. Un acuerdo que hará hincapié en asegurar la representación de las mujeres en la toma de decisiones económicas, políticas y judiciales, y en garantizarles un mayor acceso a oportunidades laborales y sociales. Las dos organizaciones también impulsarán medidas encaminadas a luchar contra la violencia de género y sexual y se comprometen a proporcionar un mayor apoyo y protección a las supervivientes de actos violentos y a luchar contra la impunidad de los autores de esos actos.

En el marco de un Congreso Mundial sobre la situación de mujeres jóvenes en África y Asia, en agosto de 2012, Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU señaló que es prioritario invertir en programas que impulsen a las mujeres y luchen contra la discriminación de género. Y recordó que la falta de atención a sus derechos perjudica a la mujer, a su familia y a la sociedad. “Las mujeres hacen más trabajo por menos dinero que los hombres, las mujeres producen más del 80% de toda la comida de África subsahariana, sin embargo sus hogares son más pobres y se ven obligadas a gastar sus ingresos para comprar comida”, señaló Ban.

Pero no debemos olvidar que la discriminación hacia la mujer es parte de la discriminación que los “fuertes” ejercen con los “débiles” en defensa de sus privilegios. Unos privilegios que a lo largo de la historia se ha pretendido justificar con “razones” étnicas, de sexo o de mérito; pero sabemos que no tienen fundamento alguno y que generan desequilibrios perjudiciales para todos, aunque algunos sigan pensando que esos desequilibrios constituyen algo natural. Y esas referencias que se hacen al pasado las consideran un apoyo a su punto de vista: “siempre ha habido ricos y pobres y siempre los habrá”, “el hombre es superior a la mujer”, etc.

La erradicación de la discriminación de las mujeres entronca así con los objetivos de la Educación para la Sostenibilidad, de la Reducción de la pobreza y, en definitiva, de la universalización de los Derechos Humanosque requiere la construcción de un futuro sostenible. Así se señala en los objetivos del Milenio: El tercer objetivo de Desarrollo del Milenio desafía la discriminación contra la mujer y busca asegurar que las niñas, como los niños, tengan el derecho a la escolarización. Los indicadores relacionados con este objetivo, buscan medir el progreso hacia la mayor alfabetización de la mujer, hacia la mayor participación y representación de esta en la política y en la toma de decisiones de los Estados y hacia la mejora de las perspectivas de empleo. Así y con todo, el tema de la igualdad de género no se limita a un solo objetivo sino que se aplica a todos ellos. Sin progreso hacia la igualdad de género y sin la capacitación de la mujer, no se alcanzará ninguno de los objetivos de desarrollo del milenio” (MDG, Naciones Unidas http://www.un.org/millenniumgoals/). Unos objetivos que se contemplan desde el punto educativo en las iniciativas de “la Década de la Educación por un Desarrollo Sostenible, en la que la igualdad entre géneros está considerada como una de las condiciones fundamentales para el desarrollo humano que está requiriendo una mayor atención por parte de la ciencia, la política, las instituciones sociales y la educación” (Aznar y Cánovas, 2008, p.9). Y unos objetivos que constituyen un auténtico reto frente al que aún queda mucho por hacer, como se puede ver en los informes sobre los Índices de Equidad de Género (Social Watch, 2012) o los de UNICEF (2007), pero que ya están encontrando respuestas en algunos países por lo que se refiere a la promoción de políticas de igualdad y estrategias y prácticas educativas para la promoción de la igualdad de derechos y oportunidades entre los géneros y la erradicación de la violencia (Novo, 2007; Pérez Sedeño, 2007; Aznar y Cánovas, 2008).

Así, el año 2009, UNFPA (Fondo de Población de Naciones Unidas) dedicó el día Mundial de Población a incentivar la inversión en educación y salud para las mujeres y las niñas, como paso necesario para avanzar en el “empoderamiento” de las mujeres y con ello en la disminución de la pobreza y la universalización de los derechos humanos. Conviene señalar a este respecto que, aunque la idea de “empoderamiento” se refiere a todos los grupos vulnerables o marginados, en su origen y aplicación más extendida está el colectivo de las mujeres, propuesto por primera vez a mediados de los 80 por la Red de grupos de Mujeres DAWN (Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una nueva era), para referirse al “proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos”. Según la Entidad de Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (“ONU Mujeres”, impulsada en 2010 por la Asamblea General de las Naciones Unidas), “Si queremos crear unas economías más fuertes, lograr los objetivos de desarrollo y Sostenibilidad, convenidos internacionalmente, y mejorar la calidad de vida de las mujeres, las familias y las comunidades, es fundamental empoderar a las mujeres para que participen plenamente en la vida económica, en todos sus sectores”.

Como señala el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL): “La autonomía de las mujeres en la vida privada y pública es fundamental para garantizar el ejercicio de sus derechos humanos. La capacidad para generar ingresos propios y controlar activos y recursos (autonomía económica), el control sobre su cuerpo (autonomía física), y su plena participación en las decisiones que afectan a sus vidas y a su colectividad (autonomía en la toma de decisiones), son los tres pilares de la igualdad de género y de una ciudadanía paritaria (http://www.cepal.org/oig/).

El necesario avance hacia la paridad en beneficio de todas las personas

Para medir las discriminaciones y, sobre todo, los avances hacia la igualdad, se han introducido una serie de índices como el IPG (Índice de Paridad de Género) para el caso de la educación, que se obtiene dividiendo la cantidad de niñas entre la cantidad de niños matriculados en un mismo nivel, o el IEG (Índice de Equidad de Género), al que ya hemos hecho referencia, que mide la brecha entre hombres y mujeres tomando en consideración, conjuntamente, la educación, la actividad económica y el empoderamiento político (Social Watch, 2012).

En la primera reunión de la UNEA (Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, http://www.unep.org/spanish/) celebrada en Nairobi en junio de 2014, además de las decisiones y resoluciones adoptadas, casi dos centenares de participantes de más de 30 países constituyeron el Foro de Género de UNEA, que se reunió bajo el tema "Igualdad de Género y Capacitación de la Mujer”, con propuestas acerca del género y medio ambiente en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Insistiremos tan solo, para terminar, en que la superación de las discriminaciones de género, la extensión (por supuesto inacabada) de derechos a esa mitad del género humano que constituyen las mujeres, no supone reducir los derechos de los hombres, como si para que unos adquieran derechos otros hayan de perderlos. El resultado no es ese y hay que afirmarlo con claridad: la extensión de derechos beneficia a todos. Ello se evidencia en los estudios y propuestas “Hacia una prosperidad sostenible”, a los que el Worldwatch dedica su informe anual de 2012. Así, por ejemplo, Monique Mikhail (2012) escribe: “… las mujeres perciben solo el 7% del total de las ayudas a la agricultura, la perca y el sector forestal. Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), si las mujeres tuvieran el mismo nivel de acceso que los hombres a estos bienes y servicios, su producción agrícola aumentaría entre el 20 y el 30% y las cifras mundiales del hambre bajarían entre un 12 y un 17%”.

Jamás una extensión de derechos a nuevas capas se ha traducido, a medio y largo plazo, en perjuicio de nadie. En cambio los “privilegios”, es decir, los desequilibrios, son siempre causa de conflictos destructivos e insostenibles, mientras que los avances hacia la universalización de los derechos se traducen en la potenciación de la creatividad de nuevos colectivos, lo que acaba favoreciendo un desarrollo más armónico y sostenible, beneficioso para todas las personas.

Referencias en este tema “Igualdad de género”

AZNAR, P. y CÁNOVAS P. (Eds.) (2008). Educación, género y políticas de igualdad. Valencia: Universitat de València.
MIKHAIL, M. (2012). Cultivar un futuro sostenible. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 13).
NOVO, M. (Coord.) (2007). Mujer y Medio ambiente. Los caminos de la visibilidad. Madrid: Los libros de La Catarata.
PÉREZ SEDEÑO, E. (2007). Ayer, ¿igual que hoy?, Mujer y Ciencia. La situación de las mujeres investigadoras en el sistema español de Ciencia y Tecnología. Madrid: FECYT.
SEN, A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta.
SOCIAL WATCH (2012). Índice de equidad de Género 2012. Avances y retrocesos. Accesible en: http://www.socialwatch.org/ (acceso enero 2014).
UNICEF (2007). The State of the World’s Children 2007. Women and Children. The double dividend of gender equality. New York, Accesible en: <http://www.unicef.org/sowc07/> (acceso enero 2014).
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulos 10 y 11.

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2014). «Igualdad de género » [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=7>

Algunos enlaces de interés en este tema "Igualdad de género"

Nota: En Internet se encuentra abundante información, fácilmente accesible, acerca de la problemática abordada en este tema. A título de ejemplo, damos los enlaces de una serie de webs de posible interés, advirtiendo, sin embargo, que algunas de ellas pueden dejar de estar accesibles en el enlace proporcionado.

CEDAW Division for the Advancement of Women
Centro de Investigación de Mujeres, Universidad de Barcelona
Centro Virtual de Conocimientos para poner fin a la Violencia contra las Mujeres y Niñas de Naciones Unidas
Comisión de Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo
Comité para la Eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres (UN, CEDAW)
Derechos Humanos y Extrema Pobreza, Asamblea General de UN
Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer UNIFEM / ONU Mujeres
Human Rights Watch
Human Rights Watch, Mujeres  
Informe sobre Desarrollo Humano 2014
Informe de Población 2013 UN
Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la promoción de la Mujer (INSTRAW)
Instituto de la Mujer, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales
Mujer y Ciencia, Informe FECYT 2007
Ministerio de Igualdad (España)  
Naciones Unidas, Observatorio de las mujeres
Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo del Milenio
Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL)
Office of the High Commissioner for Human Rights, NU, "Women Rights are Human Rights"
Organización Mundial de la Salud, Salud de las Mujeres
Principios de Naciones Unidas para el Empoderamiento de las Mujeres
Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (Género) PNUD
Recursos para poner fin a la violencia contra las mujeres, Naciones Unidas
SocialWatch, Índice de igualdad de género 2008
UN Mujeres
Unidad Mujer y Desarrollo, Comisión Económica para América Latina y El Caribe, Naciones Unidas
UNESCO, Mujeres y una cultura de paz
UNESCO, Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible, Igualdad de Género
UNICEF, Estado Mundial de la Infancia, Género y Educación
Unión Europea Igualdad entre mujeres y hombres

 

 

 

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